sábado, 29 de noviembre de 2014

Dûnsje

Amanda hacía crujir el piso de madera de la sala de estar mientras bailaba.
La melodía del stereo se fundía con las imaginarias curvas que trazaban sus pies descalzos y se introducía por el contorno de sus dedos. La mano derecha acariciaba el resplandor que se colaba por la puerta entreabierta, la izquierda se enredaba con su pelo, y su sonrisa, su sonrisa dibujaba en el aire con el color de la nostalgia y el recuerdo.
    
Ella atesoraría en su memoria la sensación de la tela de su vestido acompasándose con su cuerpo, la calidez de la brisa que se posaba en su piel mientras giraba y la música cubriendolo todo como el suave rocío que adornaba la hierba en las mañanas frías. El olor a tierra mojada la distrajo brevemente y pensó en el exterior por un instante.
 

Afuera, la tempestad se lo llevaba todo, egoísta y despiadada, arrastrándo consigo la esperanza y los últimos atisbos de humanidad. Pero la danza seguía dentro de Amanda y fuera, como una escudo invisible.
Hubiese querido la oscuridad formar parte de ella, pero se resbalaba al contacto con su pelo, su boca y su pecho. Encerrada en ese halo protector sus manos volaban alto, sus ojos lo veían todo y su espíritu vivía en libertad. La claridad era su única compañía...


                                        

 

                                     René Aubry- SALENTO


Sobre mí.

Veinteañera, uruguaya, estudiante. Amante de la danza, la literatura y el cine. Enamorada de la naturaleza y los animales, en especial de mis 5 peludos y adorables perros. Soy completamente nueva en este ámbito bloguero y estoy aquí con el objetivo de compartir con ustedes mis relatos cortos, una nueva pasión que a su vez viene picándome desde hace tiempo. 
Soy Sal Yin. ¿Nos leemos?