domingo, 21 de junio de 2015

Tiempo, detente






Tiempo, detente, que quiero quedarme observando como se acompasan sus risas mientras ceban el mate de la tarde.

Para, que ahora no deseo más que escuchar esa breve melodía.

Tiempo, tómate un descanso, que el té se enfrió sin haber bebido un sólo trago de su mirada, y puede que la próxima vez que la vea el cansancio le haya tapado los ojos.

Espera, no vayas tan rápido, que él se irá antes de poder contarle sobre las noches de sábado en las que esperé intranquila a que volviera a casa.

Por favor no te los lleves y deja de correr. Prefiero verlos corretear a ellos, meneando felizmente sus colitas y sentir sus narices húmedas cosquilleándome la mano.

No vueles, déjame compartir con ellas otra mañana de túnicas blancas.

No cabalgues lejos sin que antes él me sorprenda con un beso y despeine mi cabello con sus manos incondicionales.

Calla, Tiempo, déjame hablar...

Sé que no puedo encerrarte, no puedo detenerte, pero camina despacio a mi lado mientras me abrazo a este recuerdo.

Sí, te lo estoy pidiendo.

Es que a menudo imagino que logro convencerte y te detienes para complacerme como a una niña caprichosa. Me dejas jugar y chapotear sobre los charcos del ayer; agua tibia me salpica en los tobillos.

Pero te niegas a correr hacia atrás, y sin embargo , todavía anhelo volver a pasar contigo por aquel lugar aunque sea una vez más.

Tiempo, no te vayas, pintemos un último cuadro. Charla conmigo mientras aún estás aquí.

Mañana me dolerá tu ausencia.




lunes, 1 de junio de 2015

Lo que dura un incienso

Reconozco que fui yo la que deseé con fuerzas que nuestra relación fuera así de volátil. Un día sí, un día no, otro quizá tal vez y tú estabas de acuerdo con ello.

La inquietud de perder nuestras libertades nos hizo labrar una pasión desligada del peso del reloj.
En cada encuentro nos dedicamos a partirnos de risa, recordando viejas anécdotas y discutiendo sobre nuestras canciones favoritas.

Hemos construido un mundo ideal de placeres, más allá de lo carnal, refugiándonos con ganas en nuestra jungla de sueños en común y alocadas utopías. Preferimos extrañarnos más de la cuenta en vez de hartarnos y desear con fiereza nuestro propio espacio personal. El aquí y el ahora se convirtió en nuestro lema e hicimos valer cada respiración.

¡Que digan los demás que aquello es falta de compromiso! Da igual, porque tú y yo sabemos que nuestro equilibrado y etéreo universo se compromete a no dejar de brillar y a no detener el vuelo.

A nuestra manera fue que escribimos historias de ideas no consumadas, supimos ser cazadores de miradas perdidas, coleccionistas de risas ocultas.

Y aprendimos a apreciar las caricias que nacen del silencio.

Huelo el aire...

¿Quién nos quita las tardes lluviosas colmadas de música y té? ¿Adónde sino a nuestra memoria partirán las horas que decidimos regalar de nuestras vidas y unificarlas en un beso?

Y veo el humo...

Tanta intimidad sin necesidad de tocarnos, tantas palabras sin un hilo de voz. 
Hemos pateado los escombros, aplastado los prejuicios y burlado los títulos que las presiones externas nos quisieron imponer.

Dejo de sentirlo...

Pienso en esto porque hoy te extrañé de a ratos, incluso más que nunca, lo cual me hace reflexionar.
Me quedo observando el incienso que descansa sobre la mesada de la cocina, aquel de manzana verde que tú me regalaste.

El humo escapa en enrevesados círculos blancos una y otra vez. Se prolongan como brazos queriendo atrapar el aire e impregnarlo con su fragancia.

Y entonces lo comprendo. Me tomo unos segundos para asimilar la analogía reveladora. Puede que así sea lo que tenemos, que así sea nuestro amor. Como HUMO inaprensible a nuestras manos, expandiéndose más allá de nosotros, girando y renaciendo antes de desaparecer por completo.

Perfumando las paredes y penetrando el ambiente con la esencia de su ser, esencias que no son eternas.

Con los ojos cerrados me transporto a nuestros mejores momentos y sé que una parte de mí desea que exista más de aquella vida en las que bailamos de a dos pero sin agarrarnos, y sin embargo...
Presiento que el aroma se escabulle mientras camino por el sentimiento y cuando abro bruscamente mis párpados lo veo partir dejando hilachas suspendidas.

Ahora sé que significa: depende de mí que encienda otro de esos. Depende de ti que quieras volver a arder y convertirte en el humo, el humo breve, relajante e inspirador que cala en mi cuerpo.

Somos tan efímeros como lo que hemos construido y quiero creer que la dinámica de nuestro juego fugaz aún no nos ha embestido, incitándonos a correr tras un vicio del cual es difícil salir.

Es que me he dado cuenta hace unos instantes atrás y puede que sea demasiado tarde:

Nuestro amor dura lo que dura un incienso...


                                                                  Stefano Bonazzi.