lunes, 1 de junio de 2015

Lo que dura un incienso

Reconozco que fui yo la que deseé con fuerzas que nuestra relación fuera así de volátil. Un día sí, un día no, otro quizá tal vez y tú estabas de acuerdo con ello.

La inquietud de perder nuestras libertades nos hizo labrar una pasión desligada del peso del reloj.
En cada encuentro nos dedicamos a partirnos de risa, recordando viejas anécdotas y discutiendo sobre nuestras canciones favoritas.

Hemos construido un mundo ideal de placeres, más allá de lo carnal, refugiándonos con ganas en nuestra jungla de sueños en común y alocadas utopías. Preferimos extrañarnos más de la cuenta en vez de hartarnos y desear con fiereza nuestro propio espacio personal. El aquí y el ahora se convirtió en nuestro lema e hicimos valer cada respiración.

¡Que digan los demás que aquello es falta de compromiso! Da igual, porque tú y yo sabemos que nuestro equilibrado y etéreo universo se compromete a no dejar de brillar y a no detener el vuelo.

A nuestra manera fue que escribimos historias de ideas no consumadas, supimos ser cazadores de miradas perdidas, coleccionistas de risas ocultas.

Y aprendimos a apreciar las caricias que nacen del silencio.

Huelo el aire...

¿Quién nos quita las tardes lluviosas colmadas de música y té? ¿Adónde sino a nuestra memoria partirán las horas que decidimos regalar de nuestras vidas y unificarlas en un beso?

Y veo el humo...

Tanta intimidad sin necesidad de tocarnos, tantas palabras sin un hilo de voz. 
Hemos pateado los escombros, aplastado los prejuicios y burlado los títulos que las presiones externas nos quisieron imponer.

Dejo de sentirlo...

Pienso en esto porque hoy te extrañé de a ratos, incluso más que nunca, lo cual me hace reflexionar.
Me quedo observando el incienso que descansa sobre la mesada de la cocina, aquel de manzana verde que tú me regalaste.

El humo escapa en enrevesados círculos blancos una y otra vez. Se prolongan como brazos queriendo atrapar el aire e impregnarlo con su fragancia.

Y entonces lo comprendo. Me tomo unos segundos para asimilar la analogía reveladora. Puede que así sea lo que tenemos, que así sea nuestro amor. Como HUMO inaprensible a nuestras manos, expandiéndose más allá de nosotros, girando y renaciendo antes de desaparecer por completo.

Perfumando las paredes y penetrando el ambiente con la esencia de su ser, esencias que no son eternas.

Con los ojos cerrados me transporto a nuestros mejores momentos y sé que una parte de mí desea que exista más de aquella vida en las que bailamos de a dos pero sin agarrarnos, y sin embargo...
Presiento que el aroma se escabulle mientras camino por el sentimiento y cuando abro bruscamente mis párpados lo veo partir dejando hilachas suspendidas.

Ahora sé que significa: depende de mí que encienda otro de esos. Depende de ti que quieras volver a arder y convertirte en el humo, el humo breve, relajante e inspirador que cala en mi cuerpo.

Somos tan efímeros como lo que hemos construido y quiero creer que la dinámica de nuestro juego fugaz aún no nos ha embestido, incitándonos a correr tras un vicio del cual es difícil salir.

Es que me he dado cuenta hace unos instantes atrás y puede que sea demasiado tarde:

Nuestro amor dura lo que dura un incienso...


                                                                  Stefano Bonazzi.

10 comentarios:

  1. Hermoso Sal <3
    Muchos amores son como el humo. Tal y como empiezan terminan, como una brisa ante los ojos creando sombras sobre al pared.
    Pero quien sabe, incluso el humo encuentra un lugar donde permanecer o sino miras las nubes jeje
    Un abrazo muy grande, me ha encantado :3
    A.V.Cardenet

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    1. Ay Angie, así tal cual lo has descrito, así de impredecible es el amor. Es parte de su magia jaja. ¿Quién sabe cómo puede terminar?
      ¡Muchas gracias por la lectura y por estar ahí! Me alegra que te haya gustado. Que tengas una linda semana amiga, te mando un fuerte abrazo.

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  2. Lo que dura un incienso... o no. Genial, me ha encantado, cargado de sentimientos. Un abrazo.

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    1. Hola María, bienvenida al blog. Muchas gracias por la lectura, me alegra que te haya gustado. Otro abrazo para ti. Saludos.

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  3. Y cómo hacer para que no sea así? Cómo lograr que el amor perdure en el tiempo sin sentirse aprisionado por las costumbres que canta Rocío Durcal?El amor es inasible en tanto sea incienso.
    El asunto es convertirlo, no en hielo, porque termina derritiéndose, no en cigarrillo porque termina esfumándose, no en agua hirviente porque termina evaporándose. Sí en mármol para que perdure como el David de Miguel Ángel, sí en bronce, como las obras de Botero, sí en piedra, como el león moribundo de Lucerna, sí en concreto como el monumento a la vida de Rodrigo Arenas Betancur y sí en carne y hueso con un corazón por dentro como la obra de la naturaleza.

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    1. Buenas noches César, bienvenido. Quedé maravillada con tu comentario; es un regalo. Llenaste mi blog de palabras hermosas y reflexivas. Me emocionó leerlas. ¡Muchísimas gracias! Con gusto espero vuelvas a visitarme. Un cálido saludo.

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  4. Precioso relato, Sal :) Hay un tipo de relación único para cada dos personas, y el que le vale a unos es inaceptable para otros. Asi de fácil, así de complicado...

    Quizás lo efímero de la fragancia del incienso es lo que nos hace querer disfrutarlo en momentos especiales y mágicos.

    Un relato maravilloso, lleno de sentimiento y bellas imágenes. Gracias, me ha encantado!!

    Un beso, que disfrutes esta noche de jueves.

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    1. Muchas gracias Julia, concuerdo totalmente; existen tantos tipos de relaciones, tantas maneras de sentir y vivir la compañía...
      Tan fácil y complicado, como bien has dicho.
      Me alegra mucho que te guste. ¡Gracias por estar siempre!
      Espero que también disfrutes este día. Un fuerte abrazo :D

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  5. Que bien escribes Sal Yin feliz jueves tengas :)

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