martes, 29 de septiembre de 2015

Historias, vidas, almas


Gastando la vida

No viajaba con equipaje pesado, prefería cargar con su entusiasmo y las ganas de explorar el mundo. Solía mirar más allá de lo evidente, su curiosidad era la llave para atravesarlo todo.

Captó mi atención desde la primera vez que la vi. No pude ser indiferente a su expresión de picardía y la energía que la envolvía.

Me topaba con ella temprano por las mañanas antes de ir a trabajar. Un día cualquiera, me regaló un simpático ''Hola'' que me tomó desprevenido, y a partir de allí comenzó nuestra amistad.

¡Era fascinante observarla! Ella me ayudó a desvestir la creatividad un día en el que mis pensamientos corrían cuesta arriba.

Y cuando reíamos, no existía el tiempo.

Sus dedos acariciaban el piano con delicadeza. Mientras la escuchaba tocar, se levantaba bailando y la música en la sala seguía sonando.

Fui testigo de sus emprendimientos y locos inventos, un sinfín de travesuras y un espíritu incansable. Costaba seguirle el ritmo, costaba apresarla un segundo entre las manos.

La perdí de vista una tarde de agosto en la que se marchó sin explicación, supongo que buscando nuevas aventuras.

Creí que la monotonía amenazaría mis días desde su partida, pero no lo hizo.
Estaba tan envuelto en su mundo que no había reparado en todo lo que ella me había enseñado.

Desde que tuve el placer de conocerla me despedí del aburrimiento, y es desde que no está aquí que la siento más presente que nunca.

Breve, pero intenso pasaje. Mágico y perdurable.

Hace meses que no sé nada de ella, por eso en la tarde de hoy me dediqué a recordarla, a imaginarla bailando nuevamente en la sala.

A añorarla desordenando el mundo y a imitarla gastando la vida.



Fotografía de Maia Flore.



Pd: texto inspirado en la personalidad llena de vida de Maude, entrañable personaje de la película ''Harold and Maude'' (EE.UU, 1971). Te la recomiendo ;)
Y también, inspirado en las palabras de una vieja y fugaz persona, que un buen día nos dijo a mis amigas y a mí: ''gasten la vida''.




Escape

Encerrado en la cotidianidad de su caja, apretaba las manos con fuerza como si con el gesto aplastara al mundo. Las paredes rebosaban de frío silencio.

Solía estrujar papeles y liberar gritos añejos recluidos en la garganta, y aún así no lograba destrozar la realidad que lo atormentaba.
Podía caminar de un lado a otro con desesperación y lanzar de un golpe el último electrodoméstico que le quedaba, pero tampoco con eso conseguía hacer añicos la tristeza.

Ni el llanto ni la risa le contaban nuevas historias, y ni uno de los que alguna vez le juró fidelidad se acordó de darse una vuelta por aquel lugar.
En cada amanecer partía sin esmero a cumplir con su rutina. Al caer el sol volvía a su caja, y sobrevivía la noche sin pena ni gloria.

Día tras día, se encierra en un sitio en donde no crecen las flores, en donde los atronadores ruidos de sus miedos no le dejan escuchar el resto de sonidos. Hacia donde va la contaminación le arde en los ojos y las raíces secas que tiran de sus piernas le impiden salir.

Se lamenta de no tener a nadie con quien compartir su pesar, de no contar con una boca cómplice que le proporcione las palabras adecuadas. Le parece imposible pensar en algo habiendo tanto desorden en la sala, en su cabeza.

Sin meditarlo, y como acto seguido a una revelación, agarra unos papeles sueltos que se mezclan entre los trastos esparcidos por el suelo.
Una punzada de alivio atraviesa su mano y descansa en el papel; lo mira como a un buen amigo, como al brazo que se extiende ante él para rescatarlo del abismo.

Esperanzado, toma un bolígrafo y empieza a escribir...


Obra de Rafael Zabaleta.




Él

Amable, correcto, guapo: perfecto para el mundo. De sonrisa fácil y encantadora.
Su andar despreocupado dejaba en evidencia un torso atlético y el tono de voz estremecía con sólo una palabra. El estereotipo de belleza para un sociedad dominada por la imagen. 
 
Conquistaba a quien se cruzara en su camino, haciendo uso de su sentido del humor e inteligencia. Era un líder nato, la gente se acostumbraba a seguirle el paso.
Puede que engañara al resto con su actitud, pero mi intuición me gritaba que había algo más detrás de él.

Había un mundo distinto debajo de su apariencia, detrás de su coraza de niño insensible, y me preguntaba a diario qué era lo que lo desvelaba. Qué lo movía al despertarse en las mañanas, adónde buscaría refugio en una noche de tormenta.

De seguro el resto se creía aquello de que era un ''libro abierto'', pero los secretos en abundancia se dejan oler y van soltando finas hebras. ¿Qué será lo que oculta? ¿Quién era él cuando se encontraba vulnerable, apartado de adornos?

Aquellos ávidos ojos que observaban con ganas de comerse al mundo, podían mostrar seguridad delante de los otros, deshacerse de cualquier duda a su alrededor. Pero a mí no conseguía engañarme ese disfraz, y por el contrario, no dejaba de imaginar al ser real detrás del enigmático Adonis.

¿Y si el interior era como una corriente de agua fresca? Un manantial de sueños dormidos.
Tal vez allí existan miles de palabras que ansían ser escritas, o un pájaro cautivo que anhela su libertad.

Aún no consigo saberlo, y mis especulaciones no parecen ser puras fantasías; sigo intuyendo el secreto refugiado en sus labios y oliendo el misterio que desprende de sus ojos.


Fotografía de Nikolas Brummer.


4 comentarios:

  1. Gastando la vida me ha encantado. Desvestir la creatividad...
    Precioso.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Maria. Me alegra muchísimo que te haya gustado.
      Gracias por la visita, otro abrazo para ti :)

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  2. Respuestas
    1. Muchas gracias, Siembromispasosalsol. Me alegra tu visita, saludos desde Montevideo.

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